Debates: ¿Democracia radical o democracia socialista?

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Joaquín Romero. Estudiante Historia U. de Chile

 

Las interrogantes del Banco Mundial

Transcurrían los cálidos días de enero, luego de una elección parlamentaria que cambió el mapa político chileno y una elección presidencial que le otorgó el triunfo nuevamente a Sebastián Piñera,  cuando los medios de prensa nacionales reproducían las declaraciones que el economista en jefe del Banco Mundial,  Paul Romer,  entregó  al  periódico norteamericano The Wall Street Journal.[1]

En tales declaraciones Romer reconocía la adulteración que alteró la posición de Chile en el ranking de competitividad perjudicando al gobierno de Michelle Bachelet, deslizando que “los problemas se generaron por motivaciones políticas, ya que el indicador se deterioró durante el primer gobierno de Bachelet y subió considerablemente bajo el mandato de Sebastián Piñera”[2]. Lo mismo se habría realizado esta vez para las elecciones presidenciales del 2017, siendo la baja en este ranking uno de los fundamentos centrales de la argumentación de la campaña de la derecha contra las “reformas sociales” y su impacto en la economía chilena[3].

La situación generó inmediatamente un revuelo político que llevó a que diputados, senadores y presidente electo incluido se pronunciaron exigiendo investigaciones exhaustivas para aclarar lo sucedido.

¿Nos sorprende acaso el carácter servil de nuestra “institucionalidad democrática” de los intereses de los grandes capitales trasnacionales? Claramente solo alguien ingenuo, o lisa y llanamente el cínico, podría sostener o creer sinceramente que los organismos financieros internacionales se encuentran dedicados con objetividad y rigurosidad académica a realizar estudios económicos imparciales por fuera de los intereses políticos, financieros y económicos de las grandes potencias y empresas trasnacionales.

Bastante lejos estamos de defender los “avances programáticos” del gobierno de la Nueva Mayoría y del Programa con que Alejandro Guillier se presentó a las elecciones que perdió contra Sebastián Piñera. A nuestros lectores críticos podrá parecerles exagerada la reacción del intelectual de derecha Daniel Mansuy cuando acusaba a la ex concertación de subordinarse a las demandas de la calle tras lo cual se avecinaba la desintegración de nuestra democracia, pero podemos decir que lo que es real de su opinión es que la crisis de la Nueva Mayoría radica en que “en la medida que no supo poner distancia crítica frente a las demandas del movimiento estudiantil, renunció a su deber de mediación contentándose con una extraña actitud ventrílocua (que es una forma de silencio).”[4] El fracaso de la Nueva Mayoría radica en que su único rol histórico ha sido el ser administradores del modelo heredado de la dictadura y que para los empresarios ese rol lo desempeñaron sin beneficios aparentes en conseguir una nueva paz social legitimadora ni beneficios económicos exorbitantes para sus bolsillos.

La interrogante sobre si el Banco Mundial intervino o no las elecciones nos parece que se responde de manera autoevidente en la medida que tal institución existe para resguardar los intereses financieros internacionales que son los intereses económicos del empresariado nacional. Pero no por eso debemos quedarnos como meros columnistas críticos del acontecer nacional. La intervención de la entidad internacional para tendenciar los resultados electorales, uno de los mínimos ejercicios democráticos a los que tiene derecho el pueblo en el restringido sistema institucional chileno, es una clara muestra de los límites concretos que existen en el camino de quienes nos hemos propuesto transformar radicalmente nuestra sociedad.

Tomamos este acontecimiento como paradigmático para el desarrollo de este artículo por dos motivos. El primero, porque en dichas elecciones “tendenciadas” por el Banco Mundial se expresó el descontento con la transición,  acumulado desde las movilizaciones estudiantiles que pusieron al desnudo las contradicciones del modelo, ampliando la brecha entre representados y representantes, poniendo en juicio la legitimidad de la herencia de la dictadura. Dicho descontento tomó forma en el Frente Amplio quienes como tercera fuerza política nacional impugnaron el “régimen binominal” que fuese uno de los pilares que sostenía la democracia de los consensos de la Concertación y la Derecha.

¿Constituye esta emergencia del Frente Amplio un “momento cero” en el cual la “sopa primigenia” desorganizada y desarticulada dio un salto en su consciencia y se dio así mismo una forma política, siendo el 19N su “momento 0” para avanzar en nuevas conquistas para las amplias mayorías de la sociedad?[5]

Creemos que el problema es más complejo de analizar y éste vendría a ser el segundo motivo de este artículo, cuando sostenemos que dicha representación parlamentaria conquistada no constituye una subversión a priori del sistema político chileno. Si el 2011 abrió una brecha en el cerrado sistema político sobre la base de desnudar las injusticias económicas, sociales y culturales a las que se ven sometidas la inmensa mayoría de la población versus una minoría privilegiada que controla todo el armazón institucional para resguardar sus intereses, es a través de aquella grieta que se deja entrever los proyectos transformadores pero también los límites concretos que enfrentan. Esos proyectos transformadores corren el peligro de asimilarse rápidamente a “la medida de lo posible” con el que la relación de fuerzas concretas en el actual escenario puede aplastar todo ímpetu de siquiera reformar el modelo económico y político vigente en nuestro país.

Si esa brecha abrió la posibilidad al menos de cuestionarnos la sociedad en la que queremos vivir, creemos que el debate de ¿Qué sociedad y cómo conquistarla? está hoy más vigente que nunca. Para quienes creemos que desde las contradicciones del modelo chileno se abre la posibilidad de levantar una izquierda anticapitalista y revolucionaria capaz de transformar radicalmente el orden social existente, este no es un cuestionamiento menor, el qué y el cómo es lo que buscaremos responder en los próximos apartados, tomando la propuesta política del Frente Amplio sobre la necesidad de una “ampliación democrática” para conquistar una nueva sociedad para debatir sobre qué democracia es la que buscamos construir y con qué objetivo.

Una vez más sobre la contradicción entre democracia y neoliberalismo

¿Qué es la democracia? Tal pregunta suele responderse como aquel sistema de gobierno donde el destino de la nación está determinado por el ejercicio de la soberanía que el pueblo realiza mediante los mecanismos que se ha dado para organizarse. Para Rousseau, esta soberanía consiste en que la forma del cuerpo político está determinada por el pacto voluntario, al que concurren libre y racionalmente los miembros de una comunidad de tal manera que “como el soberano está formado únicamente por los individuos que la componen, no tiene ni puede tener un interés contrario al de éstos.”[6]

Ahondar en los límites del pensamiento ilustrado una vez que este fue aplicado por las revoluciones a las que impulsaron es un tema que sin duda nos da para escribir extensas planas al respecto. Pero a lo menos nos parece interesante contrastar esta fórmula teórica utilizada por gran parte de los profesores de derecho constitucional de las “democracias occidentales” con el acontecer nacional durante los últimos meses para a lo menos suponer que el autor de “El contrato social” difícilmente definiría al sistema institucional chileno como un gobierno libre y soberano de los destinos de la nación. ¿Podemos calificar de democrático el sistema chileno? ¿Hay alguna democracia que defender, por ejemplo, de las intromisiones del Banco Mundial?

Por ejemplo un acuerdo entre la entidad estatal CORFO con la empresa Soquimich,[7] cuestionada por los casos de corrupción de la política, para el reparto privado de las riquezas nacionales sin que mediara la más mínima deliberación democrática sobre cómo debiesen destinarse los recursos que nos pertenecen a todos ni qué necesidades deben cubrirse con ellos, es algo que ocurre de manera cotidiana dado que la decisión sobre la utilización de las riquezas generadas por los recursos naturales solo le corresponde a unos pocos.

Incluso en un tema tan sensible como los derechos humanos, que en toda “democracia” se asume como el consenso mínimo sobre la cual una sociedad democrática se evalúa a sí misma, un puñado de jueces electos por cuoteo político entre el presidente y el aristocrático senado deciden poner fin a lo que expresamente la ley votada “democráticamente” establece respecto a la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad torciendo la interpretación de la misma para otorgar beneficios carcelarios a los genocidas. Dirán que no es que no se busque juzgarlos, porque ya lo están, pero tal es un eufemismo elegante de garantizar su impunidad.

En estos casos toda deliberación racional y libre, todo ejercicio de soberanía ni siquiera está limitado, sino que nuestra república funciona perfectamente en su ausencia. Por eso cuando el diputado Giorgio Jackson, calificó de “ataque a la democracia” la decisión del Tribunal Constitucional de consagrar el lucro como un derecho de los empresarios, en un bullado fallo que concitó un masivo rechazo en las calles el 19 de abril de este año, no podemos sino estar en desacuerdo señalando que no es que existan ataques a nuestra democracia, sino que así es como está funciona.

Desde que los estudiantes se movilizaron demandando al Estado garantizar el derecho a la educación mediante un sistema nacional de educación pública y gratuita, reclamando el abandono de colegios y universidades a su suerte para favorecer el nicho comercial de los empresarios de la educación, era común escuchar como parte de un cierto sentido común -que podríamos denominar como reformista- demandar la necesidad de “más estado”.

Como sostiene Víctor Orellana “ante el advenimiento del neoliberalismo sus críticos plantearon que se prescindiría del estado. La idea de privatización como opuesto a propiedad estatal, y luego de libre mercado como opuesto a intervención pública en la economía ayudó a que se enraizara esta idea en el sentido común. Pero como se ha planteado abundantemente en los últimos años, es un error: el Estado no sólo no desaparece, sino que cambia y crece.[8]” El dirigente de Izquierda Autónoma Carlos Ruiz sintetizaría esto diciendo que “más estado no es menos mercado”

Para Izquierda Autónoma y gran parte del imaginario de la izquierda chilena, la contradicción fundamental en que se enfrentan las fuerzas en pugna dice relación entre democracia y neoliberalismo. Como vimos anteriormente acordamos con Izquierda Autónoma cuando sostiene que el estado está históricamente determinado por un contenido, que su ampliación o reducción nada dice con la alteración sustancial de este contenido. Por ejemplo la beca gratuidad que aumentó la cantidad de recursos invertidos por el estado no alteran sustancialmente el carácter subsidiario del estado ni su rol como garante de los negocios de los grandes empresarios.

En el variado arco de fuerzas del Frente Amplio, con distintos matices pero con la misma idea central, el diagnóstico que define a nuestra sociedad está dado por el enfrentamiento entre el orden neoliberal por un lado, que cercena el ejercicio de la soberanía popular sobre nuestros derechos y nuestras vidas, representado por la institucionalidad pinochetista en chile y el imperialismo a nivel internacional, y los movimientos sociales o “la democracia popular.”

¿Cómo se resuelve esta contradicción? Es la respuesta de esta interrogante sobre la que descansa la estrategia que despliegan las distintas organizaciones políticas del Frente Amplio, que buscan responder el cómo superar tal contradicción mediante la formulación “democracia radical” en que nos presentan una sociedad radicalmente democrática, donde el pueblo ejerce plena soberanía sobre sus destinos ya sea como una etapa intermedia hacia un proceso de democratización que llevará al socialismo (Izquierda Autónoma) o como una sociedad democrática de nuevo tipo en el que se combina un funcionamiento racional del capitalismo con democracia social sobre la economía (revolución democrática), lo que también podríamos denominar como la utopía de que “chile sea como Islandia”.

Dejaremos la segunda versión para un análisis posterior. Nos enfocaremos en la respuesta que da Izquierda Autónoma a la disyuntiva estratégica del periodo, como suelen definir el enfrentamiento entre democracia y neoliberalismo. Francisco Figueroa sostiene que para repensar como posible el horizonte socialista es necesario situar en las contradicciones de la vida moderna que “pese a los inéditos avances tecnológicos y la inmensa acumulación de riqueza, la soberanía de las personas sobre sus vidas individuales y colectivas está gravemente amenazada.[9]

Podemos estar de acuerdo si situamos dicha “amenaza” en el marco de las relaciones capitalistas de explotación y dependencia, que llevan en el actual sistema a que las ganancias de los capitalistas valgan más que nuestras vidas y las de millones de trabajadores, mujeres, estudiantes pueblos originarios y minorías sexuales. Tales intereses capitalistas en nuestro país no son exclusivos de los “empresarios nacionales” sino que éstos, a su vez, defienden los intereses de las grandes empresas financieras trasnacionales resguardadas en nuestro continente por el poder imperial de los Estados Unidos, que llevan a que riquezas tan esenciales para el desarrollo nacional como el litio y el cobre sean saqueadas sistemáticamente por estos empresarios en desmedro de las necesidades populares como la salud, la educación y la vivienda por ejemplo.

Para enfrentar esta situación y que sea capaz de emerger un proyecto de sociedad alternativo Izquierda Autónoma sostiene “Los claroscuros del momento que nos toca vivir nos interpelan a asumir que una nueva etapa histórica, más democrática y justa, sólo podrá abrirse a condición de construir un proyecto político capaz de ampliar los límites de lo posible y ensanchar socialmente la democracia”[10].

Para extraer las conclusiones de esta lógica pongamos la siguiente situación. Pongámonos como objetivo la renacionalización del cobre para poder financiar las demandas de los movimientos sociales de la última década.  Para conquistarlo deberíamos enfrentar institucionalmente los distintos “cerrojos” institucionales de la constitución pinochetista, partiendo por los quórums supra-mayoritarios que exigen que una bancada equivalente a 2/3 del congreso voten favorablemente cualquier medida que implique modificar sustancialmente el sentido de la constitución, sin contar que luego de esto enfrentamos las facultades monárquicas de un presidente de la república como la capacidad de veto , el cual si fracasa tiene la posibilidad de recurrir al tribunal constitucional, gendarme del legado de Jaime Guzmán. Desde una perspectiva estratégica de la democracia radical, los distintos momentos de la estrategia estarían determinados por la influencia electoral conquistada para ir abriendo cerrojo por cerrojo los candados de la constitución del 80 hasta alcanzar la democratización plena de la sociedad como paso para avanzar al socialismo.

Imaginemos que por un minuto, con esta estrategia logramos destrabar todos los cerrojos institucionales. ¿Cómo nos enfrentaremos a los intereses del capital financiero imperialista que se mantienen sobre esos recursos naturales? Volvamos al Banco mundial. Sin duda que su capacidad de influir en la política nacional no depende tan solo de los argumentos “sólidos” y “técnicos” con los sostienen sus políticas para ordenar la economía chilena acorde a las necesidades del mercado internacional manejado por las potencias imperialistas, sino que en parte su principal sostén son los buques y portaaviones de la armada norteamericana apuntando permanentemente sobre nuestro país. ¿Bastará para Francisco Figueroa una airada protesta parlamentaria para hacer retroceder al USS Blue Ridge[11]? Le devolvemos a Francisco Figueroa su propio argumento cuando sostiene que “no existen ventanas de oportunidad por fuera de las relaciones concretas de fuerza,” en última instancia su ilusión democrática podría traducirse como una ilusión de que el imperialismo puede democratizarse.

Y en estas concretas relaciones de fuerza es que los cerrojos del régimen chileno no implican un problema de aritmética constitucional a resolver durante las distintas etapas de la radicalización democrática. Lo que aconteció el 2011 y la grieta que abrió en el régimen no es un proceso que a priori evolutivamente irá garantizando que dicha brecha se vaya ampliando infinitamente para poder superar la actual sociedad y subvertirla. En las grietas del “neoliberalismo” los proyectos transformadores que por entre ellas se dejan vislumbrar corren el riesgo de que caiga el peso de la institucionalidad transicional diseñada para acomodar a la medida de lo posible todo anhelo radicalmente transformador para resguardar así la herencia de la dictadura como lo ha sido durante todos estos años.

El centro de la estrategia de la democracia radical que apunta a disputar el contenido del estado para ampliarlo y convertirlo en un estado de derechos, es una vieja discusión en el marxismo. Kautsky (intelectual curiosamente citado con frecuencia en los documentos autonomistas) sostenía desde la posición de “extinción del estado” que era posible un sistema político que combinase los elementos de la democracia burguesa con los de la democracia obrera generando un equilibrio que terminaría por impulsar el proceso de transición al socialismo. En este consenso de fuerzas en pugna, “la dialéctica tropieza con el eclecticismo”[12]

Si sostenemos que el contenido del estado es disputable mediante las armas de la democracia inmediatamente nos salimos de las relaciones concreta de fuerzas. El Estado como garante de la propiedad privada capitalista hace mucho ya que ha puesto a resguardo de la democracia las decisiones sobre cómo se utilizan estos “medios de producción.” Las decisiones de la bolsa de comercio o de los grandes consorcios financieros pesan más que las decisiones del más democrático de los parlamentos, en lo que Antonio Gramsci definía como “El parlamento Negro” ¿Es posible desde la mera ampliación democrática afectar la propiedad privada?

Las diferentes organizaciones del Frente Amplio suelen dividir la política en “períodos” marcados por la posibilidad de que se pueda cumplir o conquistar determinado aspecto del programa. Por tanto cuando se alzan como fuerzas políticas que buscan impugnar el orden vigente la declaración no pasa de ser un ejercicio de retórica. Entonces si la ampliación de la democracia es requisito a priori para satisfacer las demandas de los movimientos sociales que necesariamente requieren de financiamiento que solo es posible obtener afectando los negocios empresariales y aprovechando sus ganancias hoy en beneficio de esa minoría privilegiada en función del interés general que es precisamente el que genera esa riqueza, las grandes masas de trabajadores y trabajadoras explotadas, de la cual se apropian los capitalistas.

Diferenciar la política por períodos, entre lo que se puede pelear o no en un determinado momento histórico termina siendo un eufemismo elegante de la “democracia en la medida de lo posible” que en poco se diferencia de lo que defendía la concertación como marco de posibilidades desde los noventa hasta la fecha. Este ejercicio de eclecticismo poco termina favoreciendo a la emergencia de una nueva sociedad sino que termina adecuándola a los marcos de la institucionalidad vigente, volviendo la disputa del “contenido del estado” en algo meramente simbólico por fuera, nuevamente, de toda correlación de fuerzas concretas.

¿Democracia radical (de lo posible) o democracia socialista?

Un aspecto que sin lugar a dudas nos diferencia del Frente Amplio es que nosotros no depositamos nuestras esperanzas en que el sistema político pueda auto-reformarse simplemente recordándoles a los administradores las aspiraciones que deberían satisfacer los sistemas democráticos a la luz del pensamiento ilustrado. A quienes les tocó la tarea de llevar adelante el sueño del iluminismo europeo rápidamente desecharon los aspectos que consideraban utópicos. La fundación de los Estados Unidos es un ejemplo paradigmático de aquello. Los padres fundadores de la nación norteamericana pretendían construir una sociedad basada en la ciencia y la razón para construir lo que sería el modelo democrático decimonónico basándose en el ideal de la República Romana. Roma distaba mucho de ser una democracia armónica, viéndose la república desgarrada por una brutal lucha entre facciones de la oligarquía patricia y las hambrientas masas de la plebe, con alzamientos de esclavos como telón de fondo, lo que llevó a Thomas Jefferson a señalar que “la democracia romana era sólo un mito y la representación del pueblo en aquel Senado romano que los estadistas americanos tanto mencionaban, era una quimera[13].” Los estadistas burgueses no buscaban que los intereses populares se expresaran sino que estos fueran amortiguados, por lo mismo la democracia nació cercenada.

De ahí que la democracia representativa busque expresar distorsionadamente el interés mayoritario del pueblo en función de que estos no lleguen nunca, por vía “democrática del sufragio universal” a alterar significativamente el orden vigente. Incluso si lo lograsen el mismo Estado está dividido en “poderes” para efectuar el contrapeso político que permita rápidamente neutralizar tal escenario “catastrófico” y preparar la reconquista del poder. Cada sistema político cuenta con sus particularidades institucionales específicas para lograr este objetivo, según la historia política de cada país.

Sin embargo, nada es completamente estático y menos la institucionalidad política. EL descontento en las calles y la fuerza social conquistada por los estudiantes para enfrentar el régimen del 80 abrió una brecha donde ese sistema es cuestionado. No podría serlo de otro modo, dado que tras la “ilusión de la democracia” se deja ver la “realidad de la democracia” donde tras las bambalinas del parlamento son los empresarios quienes toman las verdaderas decisiones acerca de los destinos de la nación. La riqueza de la que se apropian constantemente es lo que les entrega ese poder.

Para quienes nos reconocemos como socialistas revolucionarios precisamente son estos momentos de quiebre que develan el verdadero carácter de la democracia y el contenido del estado que la moldea deben ser aprovechados no solo para constatar lo que podría ser evidente, que la concentración de la riqueza es también la concentración de la política, sino aprovechar esas grietas para poner en el centro que otra sociedad es posible. Para nosotros no hay democracia posible si esta no arrebata el poder de decisión de los destinos de la nación a ese puñado de magnates privilegiados. Hace 170 años en el Manifiesto Comunista Marx señalaba que la economía social solo podía funcionar con la puesta en marcha de todos y cada uno de los participantes de la sociedad. Estos magnates que se apropian de nuestro trabajo fundan su poder en la riqueza que nosotros generamos. Por más amplia que sea la democracia formal, mientras este hecho no cambie sustancialmente nuestras vidas estarán constantemente a merced de sus decisiones.

En los límites del neoliberalismo, la brecha abierta creemos que nos permite impulsar un nuevo proyecto de sociedad infinitamente más democrático que el que actualmente conocemos. Esta democracia socialista, cuyo contenido radica en un modelo de sociedad donde los productores gocen libremente del fruto de su trabajo y que la riqueza socialmente producida este en beneficio de las grandes mayorías populares sólo puede conquistarse mediante la organización de fuerza de los mismos, de la clase trabajadora para desarrollar esa fuerza que precisamente puede empujar la historia mucho más allá.

Al hacer caso omiso de este hecho sustancial, es que toda estrategia de democracia radical que busque a lo sumo limitar (por lo general indemnizando a los pobres capitalistas privados de tal derecho)  el ejercicio del derecho de propiedad o pasar por el lado del mismo está destinado solamente a ser un saludo a la bandera, o en otras palabras a ser una democracia en la medida de lo posible perfectamente compatible con los ritmos del régimen político y por tanto ser una alternativa  meramente testimonial frente a los partidos tradicionales.

Nosotros nos atrevemos a plantear una sociedad donde los representantes sean miembros de una asamblea popular unicameral que concentre el poder legislativo y ejecutivo, revocables y mandatados en todo momento y cuyo salario sea igual al de cualquier obrero u obrera. Una sociedad donde no exista un Estado que resguarde la propiedad privada en beneficio de los ricos con una fuerza policial y militar adiestrados para tal propósito, sino que esta se organice como Estado de la clase obrera donde la riqueza generada por la economía sea administrada por quienes la producen y esté al servicio de las necesidades de toda la población. Una sociedad donde no exista un Estado que oprime al pueblo mapuche en beneficio de las empresas forestales, ni donde los recursos naturales estén en manos de las potencias imperialistas. Nos atrevemos a plantear una democracia socialista infinitamente más democrática que cualquier sociedad que haya existido hasta la fecha, donde no exista un poder político y económico diferenciado sino que el ejercicio del mismo descanse sobre una verdadera soberanía popular.

Por lo mismo proponemos en el actual momento la necesidad de levantar una alternativa política de la izquierda revolucionaria y anticapitalista que construya una fuerza militante en los lugares de trabajo y estudio, en las poblaciones y en el movimiento de mujeres que combata por colocar por hacer realidad esa democracia socialista  para reorganizar la sociedad sobre bases nuevas. Creemos que ese programa no se divide en momentos, sino que su realización está en directa relación con los volúmenes de fuerza que seamos capaces de mover para tal enfrentamiento entre las “fuerzas concretas” del orden imperante.

Por eso es que sin mediar ninguna ilusión así como ninguna confianza en nuestra actual república democrática nos parece inaceptable que a finales de enero pasará casi desapercibido que el presidente del banco mundial, Kim Yong Kim, diera por cerrada la polémica sobre la intervención en la política chilena alegando diferencias “técnicas” con Paul Romer destituyendo de su cargo sin que mediara ningún reclamo por parte de los actores políticos nacionales. La intervención imperialista en nuestro país es una realidad concreta a la que no podemos cerrar los ojos y que es una fuerza bastante concreta a la que todo proyecto transformador debe enfrentarse en última instancia. El verdadero peso de la noche recae en esta fuerza que decide los destinos de millones de trabajadores en nuestro país y el mundo y que solo una izquierda verdaderamente decidida a empujar tal enfrentamiento podrá seriamente ponerse la tarea de transformar radicalmente nuestra sociedad.

 

Notas

[1] “World Bank Unfairly Influenced Its Own Competitiveness Rankings”, The Wall Street Jorunal, Jan. 12, 2018 https://www.wsj.com/articles/world-bank-unfairly-influenced-its-own-competitiveness-rankings-1515797620

[2] “Banco Mundial reconoce que alteró posición de Chile en ranking de competitividad”, Pulso, 13/01/2018, http://www.pulso.cl/economia-dinero/banco-mundial-reconoce-alteraciones-ranking-competitividad-empresarial-mpactara-chile/

[3]“El día en que Piñera ocupó los datos del Banco Mundial para criticar al gobierno de Bachelet”, El Desconcierto, 13/01/2018,   http://www.eldesconcierto.cl/2018/01/13/el-dia-en-que-pinera-ocupo-los-datos-del-banco-mundial-para-criticar-al-gobierno-de-bachelet/

[4] Mansuy, Daniel, “Nos fuimos quedando en silencio”, Instituto de estudios de la sociedad ediciones, Santiago de Chile, 2016, p.17.

[5] Tal es la posición de Alberto Mayol y Álvaro Cabrera desarrollada en su libro “El Frente Amplio en el momento cero”, editorial Catalonia, diciembre 2017.

[6] Rousseau, Jean-Jaques, “El Contrato Social”, Aguilar ediciones, Madrid, 1970, p.20.

[7] “Actas del consejo directivo de Corfo revelan hechos inéditos del acuerdo con SQM” , La Tercera, 6 MAR 2018, https://www.latercera.com/negocios/noticia/actas-del-consejo-directivo-corfo-revelan-hechos-ineditos-del-acuerdo-sqm/89081/

[8] Orellana Calderón, Víctor, Capítulo I: Mirar la educación con nuestros propios ojos, “Entre el mercado gratuito y la educación pública”, varios autores, Lom ediciones, 2018, p.80.

[9] Figueroa, Francisco, “CLAVES PARA REIMAGINAR LA IZQUIERDA”, Revista Contratiempo, http://www.contratiempo.cl/2018/05/26/claves-para-reimaginar-la-izquierda/

[10] Figueroa, Francisco, Ibid.

[11] Buque insignia de la “flota del pacífico” de la armada de los Estados Unidos.

[12] Lenin, “El Estado y la Revolución”, Obras selectas, IPS ediciones, p.138.

[13] García de Quevedo Rama, María Diana, “La antigua Roma y la ideología de la revolución norteamericana”.

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