La ofensiva de la derecha en América Latina, el Petismo y el Frente Amplio

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Por. Vicente Mellado. Licenciado en Historia

La irrupción del bolsonarismo en Brasil obliga a toda la izquierda internacional y en particular la latinoamericana a preguntarse cómo llegó a producirse este fenómeno reaccionario y cómo enfrentar el avance de la derecha en nuestro continente.

Algunos analistas liberales como el politólogo Larry Diamond de la Universidad de Stanford, han sostenido que estamos viviendo una época de “recesión democrática”[1].  Desde 2006 una serie de gobiernos bajo sistemas democráticos comenzaron a utilizar estrategias legales para restringir libertades democráticas y controlar grupos de la sociedad civil, como también la utilización de los golpes parlamentarios secundados por el Poder Judicial. Esta última es la estrategia que utilizó el arco social y político reaccionario en Brasil para hacerse del poder político desde 2016.

El avance de derechas de carácter bonapartista y populista y también neofascistas es un fenómeno mundial. En Europa y Estados Unidos se caracteriza por ser una derecha populista con proyectos políticos de carácter nacional proteccionista y con una fuerte denuncia a las elites, pero desde la defensa de valores conservadores. En Estados Unidos fue Donald Trump. En países como Italia, Hungría y Polonia ya son gobierno. En Alemania y Francia siguen avanzando en las elecciones parlamentarias y presidenciales respectivamente[2].

A diferencia de las formaciones capitalistas avanzadas, en América Latina las derechas son neoliberales, en completa subordinación al imperialismo norteamericano. Incluso Jair Bolsonaro, referente de la nueva derecha bonapartista con rasgos fascistizantes, propone en su programa económico una serie de reformas neoliberales a ultranza. Una de ellas es realizar una reforma al sistema de pensiones en Brasil, reemplazándolo por un sistema de capitalización individual, similar al que se aplicó en Chile en dictadura militar[3].

¿Cómo se explica que semejante fenómeno político aberrante haya irrumpido en el gigante latinoamericano?

Petismo y frente amplismo

La explicación debe encontrarse en los 14 años de gobierno del Partido de Trabajadores (PT) entre 2002 y 2016. Ese último año la Presidenta Dilma Rouseff fue destituida de su cargo mediante un “impeachment” impulsado por las fuerzas derechistas brasileñas en el parlamento y el Poder Judicial.

En una entrevista realizada en 2016 por el dirigente del PTS Cristián Castillo, el sociólogo brasileño Ricardo Antunes otorgó una excelente síntesis al respecto afirmando que  “(…) el PT, un partido que nació en los años 80 como todos sabemos, como un partido de izquierda, realizó a lo largo de estos dos gobiernos de Lula y un gobierno y un poco más de Dilma una política que lo caracteriza mucho más como un partido del orden. Recordando las discusiones que hacía Marx, un partido que se acomoda con el poder y hace una excepcional política de conciliación de clases (…) el PT tuvo una profunda simbiosis también con sectores del empresariado, y la corrupción fue profunda (…)”. Por lo tanto, el sociólogo brasileño concluyó que “(…) el PT no cayó por sus méritos. No cayó porque intentó enfrentar al gran capital, al capital financiero, a las grandes fortunas y al agronegocio. No es que intentó confrontarlos y al confrontarlos perdió la lucha y cayó. El PT en su gobierno creía en todo el mito de la conciliación de clases, esa fue la principal creación del PT”[4].

El agudo análisis de Antunes contrasta con las afirmaciones de los defensores del proyecto político petista y el lulismo en Chile. Entre ellos se encuentran sectores del ala izquierda del Frente Amplio (FA) que han afirmado el carácter socialista y revolucionario del PT, y explican la debacle petista por la separación que se produjo entre el PT y las organizaciones sociales, obreras y populares que lo llevaron al poder político. Lo que no logran explicar es precisamente eso: ¿cómo y porqué se produjo la escisión entre el petismo y sus bases sociales?

En una columna escrita por Felipe Ramírez, dirigente de Socialismo y Libertad (SOL), afirmó que el PT implementó “medidas económicas neodesarrollistas que hicieron crecer la economía en su momento, pero que no fueron capaces de superar el marco capitalista, generando tensiones y confusión entre sus seguidores, perdiéndose en el camino la finalidad socialista del mismo instrumento político.”[5]

Luego el autor se pregunta: “¿Qué hace que un partido indiscutiblemente de izquierda, con fuertes lazos con la clase trabajadora organizada y el movimiento popular, abandone aspectos centrales de sus propuestas socialistas y quede “atrapado” en los límites del progresismo una vez que es gobierno, alejándose cada vez más de sus partidarios? ¿Por qué tras años de administración izquierdista, las elecciones de 2014 dieron como resultado el Parlamento más derechizado desde el fin de la dictadura?”

Ramírez intenta responder a estas preguntas al final de su artículo afirmando que la raíz del problema se encuentra en la desligazón entre el Partido y las masas, por lo que la coyuntura electoral constituiría la oportunidad para recuperar ese lazo y reponer no solo un proyecto  electoral progresista, sino “(…) una fuerza revolucionaria capaz de superar los límites del capitalismo para sentar las bases de un proyecto socialista de desarrollo en el continente.”[6]

La finalidad del artículo de Ramírez es proponer la construcción de un partido revolucionario, anticapitalista y que luche por el socialismo, pero tomando como referente al PT, que estuvo a las antípodas de luchar por ese proyecto.

Por el contrario, el PT fue un partido del orden. Como señaló Antunes, buscó un nuevo pacto social con el capital brasileño, que solo pudo sostenerse mientras hubo un gran auge económico de la exportación de productos agrícolas y de las constructoras privadas. Dentro de estas últimas se encuentra la empresa Odebrecht que sobornó a autoridades brasileñas, no solo de partidos derechistas, sino que también del petismo, con la finalidad de obtener contrataciones públicas.

Es cierto que el PT nació como un partido de izquierda en 1980, con una orientación socialista, con un profundo enraizamiento en la clase obrera, pero terminó integrándose al aparato administrativo de un Estado que defiende la existencia de la propiedad privada de los medios de producción. La integración al Estado implicó adoptar el diálogo con las patronales brasileñas y buscar aplicar un programa que fuera tolerable para los capitalistas. Cuando los ofensivos programas de mejoramiento social entraron en contradicción con el programa de los empresarios y bancos privados brasileños, los capitalistas sacaron a Dilma Rouseff de la presidencia. Como señaló el empresario y ex Presidente de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo, Paulo Skaf “mi compromiso con el impeachment se dio debido a las políticas económicas equivocadas de Dilma”[7].

Fue la estrategia política de conciliación con el gran capital brasileño y extranjero lo que llevó al PT  a la debacle. Podría mencionarse el ejemplo del programa habitacional —“Mi Casa, mi vida”— impulsado por el gobierno de Lula para población de escasos recursos en 2009. Este encargó la construcción de viviendas a empresas privadas, contribuyendo a la formación de nuevos nichos de acumulación de capital para fracciones del empresariado brasileño[8].

El resultado de este largo proceso de acomodación a los intereses del capital desde 2002 fue el siguiente: entre 2013 y 2014 estallaron grandes movilizaciones y huelgas en protesta por las alzas al transporte público, contra el enorme gasto del Estado en financiar la preparación del Mundial de Fútbol y la falta de presupuesto en salud y educación. La respuesta de Dilma Rouseff —tercer mandato del petismo— fue el uso de Fuerzas Armadas y la aplicación de la ley anti terrorista[9]. Cuando el PT ya no pudo continuar favoreciendo a fracciones empresariales brasileñas e imperialistas y no pudo neutralizar al movimiento popular, estas— junto a las Fuerzas Armadas, los partidos neoliberales y las iglesias evangélicas— impusieron el “impeachment” a Dilma con apoyo del Poder Judicial, devenido en “partido judicial”.

Fue este proceso el que allanó el camino a la derecha fascistizante de Bolsonaro y explica el quiebre entre el petismo y su base social integrada por franjas de la clase trabajadora sindicalizada y sectores populares urbanos y rurales. Eso explica la “moderación” del programa del PT a la que hace referencia Ramírez en su artículo, y no a las sucesivas derrotas electorales que tuvo durante la década de 1990.

Ahora, con Bolsonaro están en peligro todas las conquistas sociales de las masas explotadas y oprimidas brasileñas que el petismo logró institucionalizar durante su mandato.

Mientras la izquierda latinoamericana del siglo XXI siga creyendo que es posible ser gobierno llevando adelante un programa de transformaciones estructurales que beneficien a las mayorías populares haciendo uso de las instituciones del Estado capitalista sin romper con las clases dominantes, seguirán generando frustraciones en las masas trabajadoras y populares, las que se alejaran de la izquierda y terminarán en la apatía y desmoralización o lo que es peor: girando a la derecha.

En Chile, el ala derecha del FA dirigida por Revolución Democrática (RD) y el Partido Liberal (PL) busca reeditar la política de los consensos de la vieja Concertación para enfrentar a la derecha e intentar beneficiar a las mayorías populares. Esa estrategia ha demostrado ser un completo fracaso y no solo allana el camino a la derecha, sino que a la  extrema derecha fascistizante.

Romper con las clases dominantes implica colocar en el centro una estrategia diametralmente opuesta a la del PT y de los proyectos postneoliberales latinoamericanos —como fue el kirchnerismo y el chavismo. Esa es la estrategia de la lucha de clases. La estrategia que coloca en el centro la autoorganizacion democrática de las masas explotadas y oprimidas, la creación de sus propios organismos en defensa de sus demandas y el impulso de un programa de gobierno de trabajadores en ruptura con el capitalismo.

Llevar adelante esta estrategia implica hacer uso del parlamento con la finalidad de preparar la superación de las instituciones del Estado capitalista y no —como señalan algunos partidos del Frente Amplio— buscar su adaptación al supuesto proyecto socialista. La estrategia de adaptación de los “gobiernos de izquierda” o más precisamente de “centroizquierda postneoliberal” al Estado capitalista ha terminado en un rotundo fracaso. Por el contrario, conquistar posiciones parlamentarias y municipales debe estar puesto en función del centro de gravedad de una estrategia revolucionaria: la lucha de clases.

¿Está dispuesta el ala izquierda del Frente Amplio de luchar por esta estrategia?

A nivel internacional sí existe un referente que lucha por esta estrategia. Es el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) de Argentina, donde participa el Partido de Trabajadores Socialistas (PTS). La izquierda frente amplista y los sectores críticos a la conducción conciliadora debieran conocer esta experiencia internacional que adapta la lucha parlamentaria al combate en las calles contra las clases dominantes.

[1] https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/user-admin/recesion-democratica.html.

[2] https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-10-22/populistas-ultraconservadores-y-neonazis-radiografia-de-la-extrema-derecha-en-europa_1464096/.

[3] https://www.latercera.com/mundo/noticia/bolsonaro-mira-modelo-afp-chile-reforma-brasil/372985/.

[4] “Ricardo Antunes, Brasil y sus perspectivas. La Izquierda Diario”, agosto de 2016, en: https://www.youtube.com/watch?v=3jIsyWc3JRQ.

[5] https://www.frente-amplio.cl/noticias/columnas/lula-y-el-pt-el-desafio-de-ser-gobierno-con-protagonismo-popular.

[6] Ibid.

[7] https://www.latercera.com/opinion/noticia/o-plebiscito/345199/#.

[8] https://www.infobae.com/2010/06/02/519213-brasil-exporta-su-programa-viviendas-mi-casa-mi-vida/; https://elpais.com/internacional/2009/03/25/actualidad/1237935615_850215.html.

[9] http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/el-pt-el-neoliberalismo-y-el-regimen-brasileno/.

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