“En Italia y Europa, la alternativa al nacionalismo chovinista es el internacionalismo revolucionario”

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Pietro Basso es sociólogo e investigador especializado en el proceso de las migraciones internacionales. Docente en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, tiene una vinculación estrecha con las organizaciones, como el SI-Cobas, que en Italia participan de la organización de los trabajadores inmigrantes. Esta entrevista fue realizada en nombre del colectivo Il Cuneo Rosso del que Pietro forma parte, publicada en el sitio italiano Il pane e le rose, y luego en francés en A l´encontre.

En esta oportunidad, publicamos en castellano una versión reducida con los principales conceptos. Basso debate sobre la actual situación en Italia, la política del gobierno Liga-5 Estrellas contra los inmigrantes, su demagogia de corto alcance hacia los trabajadores autóctonos y por último, encara la polémica con el llamado “soberanismo de izquierda”.

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Inevitablemente, el primer aspecto para considerar al confrontar con el actual gobierno italiano es la extrema ferocidad de su ataque a los inmigrantes. ¿Cuál es el sentido de esta política?

Hay una gran brecha entre la vulgar demagogia de Salvini [Ministro del Interior actual y referente de la Liga, N. de T.] y la real función de la política migratoria del gobierno Liga-5 Estrellas. Él se presenta como el salvador de Italia frente a la invasión de espantosas mareas de inmigrantes. ¿Pero de cuál invasión habla? El movimiento migratorio hacia Italia es el más reducido de los últimos veinte años, y esto ha ocurrido en primer lugar por efecto de los decretos y la política de Minniti [Ministro del Interior del gobierno de Renzi, N. de T.], sobre cuyas líneas se mueve el actual ministro de policía, endureciéndolos. Lo mismo vale para el movimiento migratorio hacia Europa.

Por otra parte, la Confindustria y los industriales del Veneto han recordado a sus subalternos en el gobierno que existe hoy, aunque con una tasa de crecimiento económica reducida, una necesidad de nuevos y nuevas inmigrantes cercana a 200 mil al año. Esto lo saben bien Salvini y Di Maio [vicepresidente del consejo de ministros, N. de T.], perros guardianes de la patronal. Su tarea, como la de sus precedesores Minniti y Renzi, es otra: aterrorizar a los inmigrantes que llegan al país, humillarlos al extremo, golpearlos en su ánimo, de modo que finalmente se dispongan a aceptar las formas más extremas y degradantes de explotación del trabajo sin abrir la boca.

No hay que olvidar que desde hace unos diez años en Italia los protagonistas de las luchas sindicales más duras han sido precisamente algunos miles de trabajadores inmigrantes de la logística, y han sido las revueltas de jornaleros africanos las que alzaron el velo sobre las infames condiciones de trabajo en los campos. “Basta con este robo, si están aquí, deben solo agradecer y deslomarse a nuestro servicio”: He ahí la intimidación que el gobienro envía a quien está entrando en Italia o proyecta hacerlo. ¿Cero inmigración? No. El objetivo es inmigración con cero derechos, para alimentar la ya vasta producción sumergida [fuera del mercado laboral formal, N. de T.], o hacer de mano de obra no calificada con los contratos y subcontratos de la producción “regular”.

Se habla muy poco, desafortunadamente, de un instrumento esencial para la producción estatal de inmigrantes “clandestinos”, esto es, forzadamente privados de permiso de residencia. Este instrumento son los decretos que definen año por año cuántos nuevos inmigrantes pueden ser regularizados. Ahora, en los últimos diez años, con la sola excepción del 2011, por los ingresos regulares en Italia de inmigrantes no estacionales se han fijado techos simplemente irrisorios: en promedio 13/14 mil al año. Y el techo incluía a menudo un bueno número, o un gran número, de conversiones de permisos de residencia de personas ya presentes en suelo italiano.

Esto significa que en la última década todos los gobiernos han programado poner a disposición de las empresas, de varias ramas de las instituciones (muncipalidades, escuelas, etc.) y de la criminalidad organizada, algunos centenares de miles de trabajadores y trabajadoras inmigrantes obligados a la irregularidad, privados de los más elementales derechos que otorga el permiso de residencia. El cálculo actual es de cerca de 600 mil trabajadoras y trabajadores inmigrantes en estas condiciones, obligados por el Estado a permanecer en Italia sin permiso de residencia regular. En campaña electoral, Salvini prometió expulsar a todos los 600 mil, y Berlusconi disparó con munición más gruesa: “expulsaremos 1 millón” –miserables mentiras, pero útiles como medio de intimidación, de un lado, y del otro como falsa apertura a los desocupados y los precarios autóctonos.

Sobre este punto, sobre la necesidad de una inmigración con cero derechos, la concordancia entre el gobierno Liga-5 Estrellas y la Unión Europea es completa. Toda la UE está por la selección más despiadada de los inmigrantes que buscan arribar a Europa; por dosificar las regularizaciones y las concesiones del estatus de refugiado; por militarizar las fronteras europeas y externalizarlas con la construcción de campos en toda África del Norte, no solo en Libia. Las tensiones al interior de la UE son solamente sobre la repartición de los costos y los beneficios de este nuevo tráfico de esclavos, no sobre su prosecución y sus modalidades.

Más allá de las razones estratégicas que explicaste, hay también razones tácticas que explican estos ataques: por ejemplo, la dificultad de cumplir las promeses electorales por las cuales la Liga y 5 Estrellas fueron votados…

Correcto. El éxito de 5 Estrellas y la Liga está estrechamente ligado a sus solemnes promesas de restituir a los trabajadores gran parte de lo que ha sido rapiñado por treinta años de políticas “neoliberales”. Pero la posilidad concreta de tal restitución no existe. Para hacer efectiva solamente una parte, el gobierno debería atacar a los capitalistas, internos y externos, los bancos, la bolsa; pero no piensa hacerlo en lo más mínimo. Al contrario, en el centro de su política económica está la reducción de impuestos al pequeño capital y la ratificación de la rebaja de impuestos de hecho a los grandes capitales: la transformación de Italia en el más grande paraíso fiscal de Europa. Entonces he aquí el fácil chivo espiatorio: ¡los inmigrantes!

Esta propaganda antiinmigrantes, que se dirige particularmente contra los proletarios inmigrantes, está en curso en Europa desde hace más de 40 años, en Italia al menos desde hace 25 años. Es una propaganda sistemática, obsesiva, capaz de cualquier astucia para manipular incluso datos reales, capaz de cualquier infamia. Pasa a través de los medios de comunicación estatales y privados, tradicionales y nuevos (ya es clarísimo que existen empresas y bandas especializadas y pagadas que operan en Facebook, Instagram, etc.), y se sirve de la legislación especial lanzada contra los inmigrantes. En este largo lapso de tiempo han cambiado los ministros, pero no la minestra [sopa típica italiana, N. de T.]: el veneno racista de Estado. Este veneno se ha difundido en los últimos tiempos a nivel “popular” por la casi total ausencia de reales antídotos, el primero de todos: la lucha. Y así no ha encontrado grandes obstáculos la cínica especulación del Estado sobre el desánimo, los miedos, la ignorancia de amplios estratos de trabajadores, en un contexto de empeoramiento general de la existencia de los asalariados y de los sectores medios.

Atención, sin embargo, a un refrán muy difundido en estos meses: Salvini se hace el duro (lo hace con los más desposeídos e indefensos, obviamente) para conseguir votos. Por lo tanto: lo hace porque se lo pide, de hecho se lo impone, “la gente”. Este versito no tiene nada de ingenuo, porque coloca abajo, en los estratos “populares”, la fuente primigenia del racismo, de la violencia y de las discriminaciones contra los inmigrantes. Y de este modo oculta e invierte el proceso efectivo. El racismo como arma de la clase explotadora tiene dos fuentes inagotables: el mercado (el capital –en todas las empresas existe una división del trabajo fundada sobre bases raciales) y el Estado (del capital). Y hay un sistema igualmente inagotable de correas de transmisión operante las 24 horas constituido por los mass media, que están en las manos del capital y el Estado.

Los primeros destinatarios de toda esta mugre son, naturalmente, los trabajadores autóctonos (capitalistas y gobernantes no necesitan ser amaestrados, ellos nacen ya “educados”). Y hoy estamos llegando a un punto crítico porque una serie de eventos señalan que el veneno racista ha avanzado mucho entre los trabajadores, especialmente entre los más desarmados (ancianos, pobres, desocupados), además de los más “aristocráticos” (que se imaginan a ellos mismos como burgueses). Ha avanzado por razones materiales antes que nada: por la inseguridad social y personal que oprime a muchos, que temen ser perjudicados por la competencia o la simple presencia de la población inmigrante, que tienen un miedo creciente por el futuro que les espera y espera a las nuevas generaciones de autóctonos. Ha avanzado tanto que es posible incluso poner en escena la inversión de la realidad haciendo de ellos los que piden a Salvini y Di Maio políticas feroces contra los y las inmigrantes –mientras los difusores profesionales de veneno racista pueden disfrazarse de simples ejecutores de sentencias emitidas por el pueblo. El famoso “pueblo soberano”….

¿Qué tipo de movilización hay que desarrollar frente a este racismo de Estado, que está echando raíces en los estratos populares?

La división por líneas “raciales” o nacionales nunca ha traído nada bueno a los oprimidos. ¿Quién ha dicho que los inmigrantes pueden ser solamente competidores desleales de los autóctonos? Los proletarios inmigrantes no vienen aquí desde el Sur del mundo para hacerse tratar como esclavos. Vienen para conquistar una vida digna de ser vivida, que les es negada en sus países de origen. Es la legislación especial contra ellos, es la incesante propaganda de Estado que los inferioriza y los criminaliza la que los pone en una condición de permanente extorsión para obligarlos a aceptar también condiciones de trabajo, de casa, de vida, que ellos mismos perciben como indignas. Y entonces el paso a dar es destruir este chantaje. ¡Imponer su regularización sin condiones, la total y efectiva paridad de tratamiento en todos los aspectos entre trabajadores inmigrantes y autóctonos!

No son los trabajadores inmigrantes quienes han quitado la escala móvil [de salarios y horas de trabajo, N. de T.], el contrato nacional, la salud casi gratuita. No son ellos quienes han aprobado el Fiscal Compact, la Jobs Act, la reforma Fornero [reforma previsional que aumentó la edad jubilatoria aprobada en diciembre de 2011, N. de T.]. No son ellos quienes se han enriquecido con el congelamiento de los salarios, el alargamiento de la jornada laboral, con los títulos de la deuda pública. En todo caso, han sufrido todo esto más que nosotros los autóctonos. Y por lo tanto, para poner fin a este treintenio maldito de retrocesos siempre más desodernados y pasivos, volvámonos y unámonos contra nuestros verdaderos enemigos: la patronal, los bancos, el gobierno Salvini-Di Maio, el Banco Central Europeo, la Unión Europea. Volvamos a la lucha conjunta con nuestros hermanos de clase inmigrantes. Divididos no somos nada, unidos nos volvemos muy fuertes.

Ciertos discursos que circulan en la izquierda dicen que es un gobierno un poco xenófobo pero que podría llevar adelante políticas laborales interesantes. Estas ilusiones ya encontraron una primera desmentida con el Decreto Diginidad…

Efectivamente. Como hasta ahora la agresión a los demandantes de asilo y los inmigrantes había sido casi la única actividad del gobierno, hacía falta darle alguna señal de “restitución”, después de tres meses de vida. Y ahí está el “Decreto Dignidad” [que limita los contratos temporales y penaliza a las empresas que llevan su producción en el extranjero, N. de T.], un nombre pomposo estudiado para agrandar las pocas migajas tiradas sobre la mesa (era el DD 1.0). Pero apenas se ha hecho sentir la voz del patrón, el DD 1.0 se ha transformado de golpe en el DD 2.0 que retira buena parte de esas migajas y reintroduce los vouchers [pago con bonos para “prestaciones ocasionales” cuyo uso se amplió con la Jobs Act legalizando el trabajo en negro, N. de T.].

Los dirigentes de 5 Estrellas habían partido del solemne empeño de hacer pedazos la Jobs Act y reintroducir el artículo 18. Nada de eso. Toda la legislación que en más de veinte años ha precarizado las relaciones laborales multiplicando las formas contractuales, vaciado los contratos nacionales, transformado la estructura del salario, restringido brualmente la democracia en los lugares de trabajo y en la representación, en síntesis, todo, al andamiaje antiobrero puesto en pie por las políticas neoliberales de la centroderecha y de la centroizquierda queda intacto, incluso los vouchers. La grandiosa revolución en las relaciones de trabajo de Gigino [Di Maio, N. de T.] –alguien que ignora lo que es trabajar y lo que es la dignidad– se asemeja, en pequeño, a la broma de los 80 euros de Renzi [bono mensual para los trabajadores que ganan entre 8.174 y 24.600 euros anuales, que muchos trabajadores tuvieron que restituir por superar levemente los límites establecidos, N. de T.], que era el preludio al mazazo de la Jobs Act: te doy 80 hoy para sacarte 800 mañana.

Para terminar: hay que registrar que las ilusiones más perniciosas respecto del actual ejecutivo son difundidas por intelectuales que declaran moverse en la vía del materialismo histórico. Incluso si después abrazan la óptica bien poco marxista de la defensa del llamado interés nacional, concebido como interés superior que une a todas las clases sociales. Por esta vía, en la revista online Marx21, Pasquale Cicalese ha llegado a hablar de Salvini como un Enrico Mattei menos consciente, pero de todos modos, dedicado a la causa de liberación del país…

Sí, tal cual. Es un espectáculo entre grotesco y sórdido, que hace acordar al enrolamiento en el nacionalismo y el fascismo, hace un siglo, de un cierto número de intelectuales anarco-sindicalistas, socialistas y hasta excomunistas. Se ha indignado incluso Giorgio Cremaschi de Potere al Popolo, que ha intimado a estos “falsos compañeros” con un más que justificado “¡fuera las manos de Marx!”.

Uno de los exponentes de este espectáculo lamentable, el tal [Sergio] Cesaratto, que seguro no conoce ni siquiera el abc de la historia del movimiento obrero, se aventura en “pensamientos” de este tipo: “Existen ya dos izquierdas, entre las cuales el parteaguas es la importancia atribuida al concepto de soberanía”, “soberanía democrática, social y reformista”. Y según su parecer ha llegado el momento de que emerja en Europa una izquierda que “arrebate a la derecha la bandera de la defensa de los intereses nacionales”, y practique –atención que viene una perla– “un internacionalismo auténtico, orientado a restituir a los pueblos del continente la soberanía perdida, fuera de las estructuras supranacionales en las que prevalece la ley del más fuerte”.

Para ellos, en resumen, el internacionalismo auténtico sería el que anhela volver a las naciones y los nacionalismo pre-Unión Europea, a la Europa de “naciones soberanas” imperialistas (¿correcto?), que parió dos guerras mundiales (¿no es cierto, Cesaratto?), en las cuales, obviamente, prevaleció el imperialismo (no europeo) más fuerte. Por lo tanto es una perspectiva entera y auténticamente reaccionaria.

Pero hay una cosa esencial que escapa a muchos de quienes no pretenden, no pueden, suscribir monstruosidades como esta: la subordinación de la clase a la nación que caracteriza a toda esta gente de la que hablábamos viene de lejos, de muy lejos, de la “vía italiana al socialismo” y el “partido nuevo” de Palmiro Togliatti.

Y sin una crítica corrosiva, internacionalista, revolucionaria, de esa ideología, de esa perspectiva estratégica, de esa historia política –que los ambientes de Eurostop y neotogliattianos [como Potere al Popolo, N. de T.] se cuidan muy bien de hacer– se está condenado a priori a resbalar hacia los lugares en que están aquellos a quienes se intima a sacar las manos de Marx.

No hay terceras vías: o el nacionalismo chovinista que pone en primer lugar la defensa de los interesas de la nación, o sea del capitalismo nacional, del imperialismo italiano (una categoría culpablemente desaparecida, junto con la metódica denuncia de la OTAN); o el internacionalismo revolucionario centrado en las necesidades, las expectativas, las más profundas aspiraciones de liberación de los explotados de todas las “razas” y los colores ¡Unámonos contra el capital global, globalicemos la lucha y la organización de clase!

Traducción y edición: Juan Dal Maso

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